Tu corazón es un animal oscuro
Tu corazón es un animal oscuro
Lo-solo rige un orden estable, de continuidades, y su Edad, su dimensión espacio-temporal, en un plano-sustrato, es la comprobación de discontinuidades: de vectores de catástrofe, de líneas de bifurcación; el ser-solo es, por esto, un cuerpo-morfogenético: eventos de singularidad. Puro conatus.
Puesto que el hombre en su totalidad es sólo el fenómeno de su voluntad, nada puede resultar más absurdo que, partiendo de la reflexión, querer ser algo distinto de lo que se es <…>
El Mundo como Voluntad y Representación; A. Schopenhauer
Es la hora de develar las identidades y de incendiar falacias.
El tiempo se coagula en forma de cal en los huesos; los tarros de miel lucen sin brillo en las despensas olvidadas; la salud hiere las palabras.
Las formas de olvidar erosionan, disolviendo, la lengua: ahora sé que se muere mirando. En los oídos pesan las voces de los que apreciaban el crecer de los pastos y el baile obligado de las ramas. Hay una verdad en la significación: Edad.
El Cuerpo muere de la misma forma que una lengua de fuego: mirando: iluminando aquello que es observado, apreciado. La luz, en mi vida, esculpe el silencio.
El ser-solo es un vector de evasión, un pulso vital de salida.
El ser-solo necesita descentramiento y descentrarse para sobreponerse, acrecentarse y ser-solo(-connatus)
(Fuente: , vía amaeso)
Un Cuerpo, atravesado, torsionado, erosionado, desvencijado, quebrado, compuesto, en suma: un territorio de afectos; un campo de carna-lidad. El Cuerpo-horizontal, el cuerpo dis-puesto en la materia, en la Tierra, un cuerpo que (se) expande, que tiene la necesidad de operar como functor, como un vector dinámico de adhesión y adsorción a su naturaleza orgánica; el Cuerpo-vertical, el cuerpo huyente de la materia, cuerpo significado en lo celeste o en un afuera del sedimento, un cuerpo que no se sabe, que opera desde un apercibirse, que toma distancia respecto de su juntura: un cuerpo reducido, minorizado, recluido en predicados moralizantes.
Un Cuerpo que se sabe, cuyos músculos-tejidos-y-flujos se susurran su operación, su forma de accionarse, de intercambiarse, de penetrarse, de confortarse. Un Cuerpo cuya Soledad es la de sus piezas, aquellas que le instan a pensar(se) cómo se diferencia, como se singulariza en la tecnología de los cuerpos, en la forma en que éstos colaboran, se juntan, se discuten, se excitan, se turban, se recuerdad, se sudan y exudan al otro (cuerpo). El Cuerpo es el primer nodo de una distancia, la cual se extiende, como mínimo, a otro cuerpo (nodo) y crean una distancia: una forma de percibirse en un apartado mnémico; un cuerpo-memorante, memorador, que ha comprendido que, como Cuerpo, el tocar es su forma primaria de exterioridad.
Porque un Cuerpo es un afuera, exterioridad, sin reducirse a una conjunción de centralidades interna(da)s: un Cuerpo-expansivo, que ve en la Tierra, en el Territorio, la posibilidad de crear un dominio, una extensión, de sí: Entorno, ipseidad, mismidad: fórmulas de reconocerse y signos para ser reconocido por otro cuerpo.
Un Cuerpo es la manera que tiene otro cuerpo de exponerse y conocerse.
No importa la aspereza, la acidez, la rugosidad, la granulidad o el grumo, la humedad o la condensación, no le importa, a un cuerpo, que la materia se muestre de múltiples visualidades, le interesa la manera que tiene una materia de transmitirse, de comunicarse, desde un plano de ubicación, sin que haya una vocalidad, un plano sónico. Un Cuerpo es una sensibilidad, por tanto, que traspasa la simplicidad de lo auditivo: es receptiva a resonancias, temblores, agitaciones, explosiones, flujos de aire. Un Cuerpo se comporta en soledad porque ésta es la manera que tiene de recordarse, de revivir, en los signos externos —que interiorizó—, de lo que, como cuerpo-afectante, se constituye: llanto, canto, pérdida, proximidad, gesto, articulación, penetración, reclusión.
El Cuerpo es una factoría de producirse, fuera de la máquina-sintáctica, de las formas de significación semánticas, su deontología principal, en el resto de cuerpos: es una máquina de afectar, de provocar resonancias en otras superficies corpóreas.
Ver arder las pérdidas
ver arder, en un cromatismo intenso
y rojo,
la edad;
aquello que carece de corporeidad
a pesar de afectar a un Cuerpo.Arder es un ejercicio que supone la dispersión, el retorno a lo molecular, de aquello que se fisura y se desvanece, en suspensión aérea: aquello que recupera su advenir-orgánico; su naturaleza olvidada; o robada. Arder las palabras, prender las formas y sus colores, quemar los tejidos y las fibras, calcinar los Cuerpos e incinerar las Vidas.
La Edad es la suma de aquellas cenizas; el Tiempo es su crepitar, su dinámica erosionante.
Hender las palabras, traspasar un territorio no compuesto por materia, sino «carnar»: hacer carne la materia misma. De los espacios se sabe que no acontecen, no ocurren a pesar de que concurrimos/ocurrimos en ellos. Los espacios son la latitud del cuerpo: allí donde el cuerpo se dirige y se siente, no es que tome conciencia de sí, pero debiera. De ocurrir aquella autosensación se dice de un cuerpo-corrupto, corrompido, que adultera las formas de educación y surge libre, autónomo en su voluntad: depreciando cualquier instinto moral de acontecer Acto.
…
Lo foráneo, el lugar ajeno, solo, es el contexto móvil del ser-solo. No constituye inmovilidad, ubicación o cohabitación; es un espacio productor de singularidades, de intensidades de identidad ante lo arrojado, lo que brota o, lo que maquinicamente, se ha construido, enajena su naturaleza —su materia-devastada; sin pulir, sin germinar estética. La superficie de lo foráneo es la identidad misma del ser-solo; no por carencia, jamás, sino por exceso: por multitud y multiplicidad de no-apropiaciones, de formas-objetos-materias que no devienen de alguna intervención Otra, sino que advienen. Tratan en conjunto, claro, siempre operan en múltiplos, de producir adhesión, como si adolecieran de no-inhesión, de un afuera que los supera: si no se despliegan, si no causan rémora, o afecto, han de confrontarse con su realidad primaria: [la forma-objeto-materia] carecen de naturalidad, de un origen-materia, un principio-Tierra; son simple invención, un parásito absurdo por no tener lo-natal de todo ser.